-Hola. Lo sé. Las cosas han estado un poco complicadas. Por eso no había pasado a verte. ¿Tú, cómo has estado?
-Pues ya sabes, lo mismo de siempre. Hay días más largos que otros, más aburridos.
-¿Por qué crees que pase eso?
-No lo sé. Podría formularme mil explicaciones pero ninguna serviría, si lo supiéramos no estaríamos tan confundidos todo el tiempo, jaja.
-Tienes razón. ¿Has seguido dibujando?
-Sí. Ahora más que nunca. Por alguna razón todo me parece una fotografía que tengo que tomar, con mis manos. Aunque eso no me quita lo aburrido. ¿Y tú? ¿cómo va el trabajo?
-Renuncié...
-¡¿Y eso?!
-Larga historia. El chiste es que ahora tengo más tiempo para mí y para mi novia, para pensar también.
-Es cierto, ¿cómo está ella?
Tardó para responder esa pregunta y finalmente dijo:
-Muy bien, la veo más tranquila...más que otras veces.
-Qué bueno, me alegro. Y dime ¿a qué has venido?
-¡Carajo! ¡¿No puedo venir simplemente a saludar?!
-¡Claro! Sólo que no te había visto en demasiado tiempo, por eso te pregunto, ¿hay algo que te moleste?
-¡Por eso no había venido! Siempre sacas conclusiones prematuras, sin bas...
-Ya, ya. Lo siento.
Ahora reinaba calma en aquella habitación. Ambos personajes compartieron un silencio de perdón vergonzoso, pero aún tenso.
-No sé...siento que todo se desmorona. Sí hay algo que me molesta, y la verdad ya no sé qué hacer. Es como si hubiera perdido mi sentido de dirección.
-¿A qué te refieres?
-Pues las cosas en el trabajo no andaban bien, y a decir verdad en el depa tampoco...
-¿Qué ha pasado?
-Me enojé el otro día y me acordé de ti.
-Jaja, gracias. Me alegra estar en tus pensamientos, aunque sea así.
-Mi jefe me prometió un mejor puesto si me ponía las pilas. Y lo hice. No tienes idea, me puse a trabajar como loco, a hacer más llamadas, a traer más pedidos idiotas. Y pensé que lo conseguiría, realmente lo pensé.
-¿Y?
-Al mes entró a trabajar un sobrino suyo...
-Lo siento...
-¡No! ¡Yo lo siento! Me maté trabajando en vano, ¿y sabes qué fue lo que me dijo el pendejo?
-¿Qué?
-"Lo siento, Armando. Eres muy bueno, pero la familia es primero"
-Maldito.
-Ese mismo día me salí encabronado de la oficina hacia un bar. A la media hora ya no sabía ni lo que bebía.
-Verás. Es bueno desquitarse pero ésa no es la mejor manera...
-¡Otra vez! ¿Lo ves? Siempre aconsejándome, como si fueras mejor que yo, como si fueras...el sobrino.
-Perdón, no lo vuelvo a hacer. Continua, por favor.
-Regresé al depa y ya te imaginarás. Ella estaba encabronadísima. Discutimos y ni siquiera me dejó decirle porqué estaba pedo.
-¿Y después?
-Me salí de nuevo. Todavía era horario de oficina...
-Fuiste a renunciar.
-No sabía qué es lo que iba a hacer. Sólo quería caminar y despejarme de todo, pero llegué a la oficina.
Ambos levantaron las manos para acomodarse el cabello.
-¡Tienes las manos empapadas de sangre!
-Ya era medio noche y sólo estaban el pendejo del jefe y su pinche sobrino. Medité en decirle algo, algo realmente bueno, para que se sintiera como el asco de persona que es. Sin embargo no hallaba las palabras correctas en mi mente, me fue más fácil hallar el cuchillo...
-¡¿Qué hiciste?!
-Jaja. Ni siquiera sé porqué había un cuchillo en mi cubículo. Supongo que estaba aguardando el momento indicado, el momento en el que tendría que ser convertido en cómplice. ¡Fue tan fácil! No tenía idea que matar fuera tan sencillo...
-¡¿Por qué lo hiciste?
-Y cuando regresé a casa yo pensé que ella me comprendería, me confortaría. ¡Pero no! Lo único que dijo fue: "¿Qué has hecho?" Horrorizada me miró, como si fuera una especie de monstruo, como si fuera mejor que yo, ¡como el puto sobrino! Tuve que...
-¡No! ¡¿Por qué?! La amábamos...
-Ya no era ella...
-¡No! ¡Ya no eres tú!
Se acomodó el peinado con la mano ensangrentada una vez más. Los dos se miraron fijamente a través del reflejo. Apagó la luz y salió del baño.