1.30.2010

El Barista


Va el segundo cuento, éste viene acompañado de un pequeño dibujo que hice:

El barista

Despertó y con el brazo adolorido por haber dormido encima de él se dirigió hacia la cocina para empezar de "buena manera" el día. Dicho así por él mismo.

Por el apuro y el brazo adormecido ni siquiera se fijó con qué pie se había levantado del que algún día fuera el tálamo nupcial.

Ya en la cocina, cumplió su rutina casi como un deber: un jugo, 3 partes de naranja y 2 de toronja, después los huevos y como era lunes debían ser revueltos. El vapor aromático de la infusión y la sensación de calor en sus yemas lo revivieron.

Embriagado por los aromas de la mezcla, procedió a beber, un deseo amargo en el paladar y dulce en el recuerdo.

Imaginó que saboreaba el sudor de miles de seres que recolectan este grano para que millones de personas lo beban como un acto rutinario más.

¡Él no! Él es un artista en su profesión...gran catador de sus creaciones y... ahora desempleado.

Hubo saciado su hambre se dispuso a proseguir. Bañarse bajo el vapor de la energizante bebida y después salir hacia la realidad, en donde debe llegar para cumplir, aunque rompa sus principios y hacerla de robot en Starbucks. El trayecto hacia el infierno en vida era largo, y cada punto donde paraba el pesero le hacía recordar eventos.

Primero: la tienda donde junto a su esposa compró el colchón que ahora alberga y da cobijo a un solo cuerpo, sobre el cual las pasiones más sublimes y los tiernos deseos adolescentes se cumplían de manera casi continua.

Segundo: el que fuera su punto favorito durante mucho tiempo, donde se proveía para poder ofrecer un servicio artístico del tan conocido brebaje. El olor reconfortante del abastecimiento pour son petit commerce.

Esto nos lleva al tercer punto: Su negocio junto con la ausente. La razón de levantarse todos los días a las 6 de la mañana, para ser el carnicero o el quesero dentro de su oficio, pero siempre con un toque artesanal y artístico. Ahora sólo es una sucursal más del recurrente negocio dañino cuyos colores, verde y negro, ya están inmersos en la pintura folclórica de la ciudad.

El último punto no es tan alegre, totalmente lo contrario. Ahí vivió las penas más duras y los dolores más amargos que ni el dulce sabor de su Mona Lisa líquida pudo lavar. El hospital que llevó a bancarrota su negocio y su vida misma. En esa época, la vida la concebían ambos como una obra de arte. Eruditos los dos por formación rígida parental se conocieron en una exposición de fotografía. Fue raro que se cruzaran sus caminos. Si no hubiera sido por un inocente accidente con el vino jamás se hubieran conocido y por ende él no habría terminado con el corazón marrón de instrumentista gourmet, destrozado.

Le diagnosticaron cáncer en una etapa avanzada y cuando comenzó el tratamiento era prácticamente inservible. Ella decidió pasar los últimos días con su querido esposo. Pero él necio frente a la huesuda insistió.

Fue una tarde en palabras húmedas de su esposa que él comprendió y lo planeó todo: primero un viaje alrededor del globo terráqueo, después una gran fiesta de despedida con todos sus conocidos. En este punto nuestro artista tuvo que hipotecar su bistro y darle un respiro a eso de lucrar humildemente con el arte. Jamás lo recuperaría.

Pasó, y la ceremonia fue bella. El dolor fue amortiguado de cierta manera por el viaje y la fiesta, sin embargo jamás sería lo mismo. El cementerio donde fue enterrada su esposa quedaría de frente al nuevo trabajo de él. Sólo por eso aceptó ser una máquina más del tan prestigioso consorcio gringo, para que desde ahí le brindara todos los días una buena taza de café.

1.23.2010

Primera...

En vista de una tarde libre debrayemos un poco, aquí está el primer cuento basado en esta rola, y abajo la letra y la traducción de la canción:




Le poinçonneur des Lilas de Serge Gainsbourg

J’ suis l’ poinçonneur des Lilas
Le gars qu’on croise et qu’on n’ regarde pas
Y’ a pas d’ soleil sous la terre
Drôle de croisière
Pour tuer l’ennui j’ai dans ma veste
Les extraits du Reader’s Digest
Et dans c’ bouquin y’ a écrit
Que des gars s’ la coulent douce à Miami
Pendant c’ temps que je fais l’ zouave
Au fond d’ la cave
Paraît qu’ y a pas d’ sot métier
Moi j’ fais des trous dans des billets
J’ fais des trous, des p’tits trous, encor des p’tits trous
Des p’tits trous, des p’tits trous, toujours des p’tits trous
Des trous d’ seconde classe
Des trous d’ première classe
J’ fais des trous, des p’tits trous, encor des p’tits
Des p’tits trous, des p’tits trous, toujours des p’tits trous
Des petits trous, des petits trous,
Des petits trous, des petits trous

J’ suis l’ poinçonneur des Lilas
Pour Invalides changer à Opéra
Je vis au cœur d’ la planète
J’ai dans la tête
Un carnaval de confettis
J’en amène jusque dans mon lit
Et sous mon ciel de faïence
Je n’ vois briller que les correspondances
Parfois je rêve je divague
Je vois des vagues
Et dans la brume au bout du quai
J’ vois un bateau qui vient m’ chercher
Pour m’ sortir de ce trou où je fais des trous
Des p’tits trous, des p’tits trous, toujours des p’tits trous
Mais l’ bateau se taille
Et j’ vois qu’ je déraille
Et je reste dans mon trou à faire des p’tits trous
Des p’tits trous, des p’tits trous, toujours des p’tits trous
Des petits trous, des petits trous,
Des petits trous, des petits trous

J’ suis l’ poinçonneur des Lilas
Arts-et-Métiers direct par Levallois
J’en ai marre j’en ai ma claque
De ce cloaque
Je voudrais jouer la fille de l’air
Laisser ma casquette au vestiaire
Un jour viendra j’en suis sûr
Où j’ pourrai m’évader dans la nature
J’ partirai sur la grand-route
Et coûte que coûte
Et si pour moi il n’est plus temps
Je partirai les pieds devant
J’ fais des trous, des p’tits trous, encor des p’tits trous
Des p’tits trous, des p’tits trous, toujours des p’tits trous

Y’ a d’ quoi d’venir dingue
De quoi prendre un flingue
S’ faire un trou, un p’tit trou, un dernier p’tit trou
Un p’tit trou, un p’tit trou, un dernier p’tit trou
Et on m’ mettra dans un grand trou
Où j’ n’entendrai plus parler d’ trou plus jamais d’ trou
De petits trous de petits trous de petits trous

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Soy el perforador de la estación de Lilas,
el muchacho que cruzamos y no miramos.
No hay sol debajo de la tierra
¡Qué raro crucero!
Para matar el aburrimiento que tengo en mi saco...
los extractos del Reader Digest,
y en este libro está escrito
que los otros se la viven fácil en Miami.
Durante todo este tiempo que me hacía el idiota
en el sótano.
Al parecer no hay trabajo sucio.
Yo hago hoyos en los boletos.
Hago hoyos, hoyitos, más y más hoyitos
hoyitos, hoyitos, por siempre hoyitos.
Agujeros de segunda clase.
Agujeros de primera clase.
Hago hoyos, hoyitos, más y más hoyitos
hoyitos, hoyitos, por siempre hoyitos
hoyitos, hoyitos
hoyitos, hoyitos



Soy el perforador de la estación de Lilas
para ir de Les Invalides a Opéra.
Vivo en el corazón del planeta,
tengo en la cabeza
un carnaval de confetis
que llevo hasta mi cama.
Y debajo de mi cielo de porcelana
sólo veo brillar la correspondencia.
A veces sueño y divago,
veo olas.
Y en la niebla en la punta del muelle,
veo un barco que viene a buscarme
para sacarme de este hoyo donde hago hoyos,
hoyitos, hoyitos, por siempre hoyitos.
Pero el barco se hunde
y siento que me descarrilo.
Y me quedo en mi hoyo a hacer hoyitos,
hoyitos, hoyitos, por siempre hoyitos
hoyitos, hoyitos
hoyitos, hoyitos

Soy el perforador de la estación de Lilas
Arts-et-Métiers vía Levallois.
Estoy harto, hasta el gorro,
de este hoyo
Me gustaría escaparme.
dejar mi gorra en el guardarropa.
Pero mi día ya vendrá, de eso estoy seguro
y podré esconderme en la naturaleza.
Partiré hacia la gran-ruta,
cueste lo que cueste
y si es demasiado tarde para mí
arrancaré de una vez.
Hago hoyos, hoyitos, más y más hoyitos,

hoyitos, hoyitos, por siempre hoyitos.

Hay de qué volverse loco,
de qué tomar una pistola

hacerse un hoyo, un hoyito, un último hoyito
un hoyito, un hoyito, un último hoyito.
Y me meterán en un gran hoyo
donde ya no escucharé hablar de hoyos jamás de hoyos
de hoyitos, de hoyitos, de hoyitos.

Anotaciones:
Tanto Invalides como Opéra, Arts-et-Métiers y Levallois son estaciones del metro de París.
Jouer la fille de l'air es una expresión francesa que quiere decir escaparse, salirse de la realidad; antes en París se representaba una obra de teatro llamada la fille de l'air (la hija del aire), en la cual la hija del rey de los aires debía pasar un año sobre la tierra y regresar, después de su estancia, a los aires a menos que se enamorara de un mortal...

Y el cuento:

Des trous


El tratamiento que le daba su inconsciente era sencillo: una sola dosis y listo, una acción y ya. Nada de medicamentos costosos y médicos que jamás podrían hallar una cura para él. Nada de una cada doce o dos cada ocho horas....nada; una sencilla dosis y punto.

Pero ¿cuál era su enfermedad? más bien ¿cuál es su enfermedad? porque hasta este punto no ha pasado nada, no ha tragado ninguna pastilla que probablemente no aliviará su dolor, tampoco ha ido al doctor para que lo diagnostiquen de "loco"....pero más importante aún....todavía no ha jalado el gatillo.

El dulce plomo-pensaba (o piensa)-sin haber realizado el ritual y sin siquiera haberlo pensado antes, pero ya lo saboreaba (o saborea). El dulce sabor de la libertad-siguió diciéndose (o lo sigue haciendo)- pero como todo buen ritual tenía (o tiene) sus dudas al respecto y se dijo a sí mismo si la verdad valía la pena todo aquel esfuerzo.

Veamos.

Durante un día normal él es sólo una cabeza más en los ajetreados cimientos subterráneos, cosa por la cual su trabajo ya es desapercibido, así como su Ser. Y con todo esto lo encontramos ahí, dándole el "visto bueno" a la sociedad de primera y segunda clase...que...como buenos burgueses o aspirantes a burgueses, se dan lujos muy propios de ellos...más los primeros que los segundos.
Entonces es una vida de ver pasar lo que pudo haber sido una buena vida suya....¡¡¡qué martirio!!!

Y así todos los días...inmerso en tantas perforaciones y tantos boletos, el único gusto que se daba (o se da) a ese punto era (o es) el de leer...pero nada de novelas pretenciosas escritas por autores ricos tan alejados ya del punto de vista artístico y cada vez más cerca del punto de vista mercantil. Él disfruta la lectura que emana del pueblo y es libre de retos intelectuales.

Mmmm dulce lectura reconfortante-él pensaba (o piensa)-. Quizás valdría la pena no hacerse un hoyo sólo para disfrutar el encantador y embriagante olor de la tinta.

¡¡Pero pensándolo mejor no!! Esas revistas y periódicos que tanto atesoraba no eran más que sueños rotos que jamás lograría y que se convierten a la vez en sus propios enemigos....entonces ¿dejarse vivir por el gusto de leer?....¡no!

Y hasta ahí llegaba (o llega) su día...bueno no del todo...faltaba llegar a casa: para variar otro agujero en una ciudad enorme, en donde terminaba (o termina) el ritual diario (casi zombiesco) en el cual solamente se daba (o se da) de alimentar a sí mismo y después sin previo aviso ya estaba (o está) de vuelta al mar del inconsciente....

Mmmm dulce inconsciente que no tiene prejuicios, que te dice qué hacer sin titubeo alguno-seguía pensando (o sigue pensando)-. Y ya de regreso a la tierra de nunca jamás veía y vivía (o ve y vive) de todo:
Barcos, Travesías, Aventuras ¡¡¡¡y nada de agujeros!!!!!....pero la resaca recalcitrante diaria le sonaba (o le suena) todos los días a las 4:00 a.m

Entonces ¿qué sentido regresar a las 12:00 y volver a las 4:00? ¿4 horas de no sentirse como mierda? ¿20 teniendo que soportar las rutinas de miles de personas que requieren y a la vez no de su servicio? ¿Durante 365 días del año? No vale la pena....al menos no para él.

La solución fue simple: el tratamiento que daba su inconsciente fue efectivo: una sola dosis rápida y segura, sin migraña. Sin embargo aún sin vida no se libro de los hoyos y de los agujeros....ahora permanecerá en uno hasta que la tierra haga de la suyas.